Biografia de Blur

La historia de Blur empieza casi con la de su líder, Damon Albarn, un muchacho londinense que pasó casi toda su infancia en Colchester (Essex, Inglaterra). Se ve que una de las cosas que más le gustaban de pequeño era hacerse el intelectual, razón quizá por la que no hizo muchos amigos en la escuela, con la excepción de Graham Coxon, futuro guitarrista del grupo.
Al terminar la escuela ambos marcharon a Londres a estudiar una carrera. Albarn probó con estudios de arte dramático, pero lo más que consiguió como actor fue un papel de extra en ‘El cuarto protocolo’, al fracasar aquello intentó hacer vida de artista componiendo pequeñas piezas para teatro y baladas. Mientras, Graham Coxon iba a clase por la mañana en el Goldsmith’s College y por las noches salía por los pubs de Londres, en los que empezaba a escucharse el sonido Manchester. Los dos se reencontraron en un concierto de Albarn al que asistieron Coxon, un amigo suyo llamado Dave Rowntree (futuro batería del grupo) y 8 personas más. Cuando Albarn, a través de Coxon, empezó a conocer el ambiente de los fines de semana por los pubs de Londres, llegó a la conclusión de que con tanto intelectualismo y supuesta vida de artista lo único que había hecho era perder el tiempo, y que con el pop podía tener más futuro. Así que Damon, Graham y Dave formaron un trío, al que a Albarn no se le ocurrió más gracia que llamar Seymour, y empezaron a tocar en los locales de moda; Coxon consiguió liar también a Alex James, un compañero suyo del Goldsmith’s quien, tras algunas reservas, se les unió como bajista.
Canciones de amor pasteleras, música comercial y absolutamente ninguna idea original, simplemente copiar a los grupos de moda; esto era lo que Seymour podía ofrecer al público británico. Estaba claro: tenían el éxito asegurado. Tras una brevísima campaña de promoción, ya estaban en las portadas de todas las revistas musicales y las discográficas se empezaron a pelear por ficharlos, siendo al final Food Records, una subsidiaria de EMI, la que se llevó el gato al agua. Al contratarlos les exigieron que se cambiaran el nombre; podían elegir, entre otros, The Shining Path, Whirlpool, Sensitise o Blur… y eligieron el menos malo.
Una vez que Blur estaban fichados, y su imagen vendida por quintales a las fans (hay gente capaz de comprar cualquier cosa), se trataba de sacar el primer single, que se tituló ‘She’s so high’ (1990) y vendió tantas copias como era de esperar. Después de aquel salieron otros dos singles: ‘Bang’ y ‘There’s no other way’, que fue su primer gran éxito.
En esta época, Blur no es más que una panda de borrachos que pasa olímpicamente de lo que es la música. La mejor prueba de esto es su primer disco, ‘Leisure’ (1991); aparte de los tres singles se ve que Blur poco más podían aportar, porque casi todas las demás canciones del disco las compusieron en el estudio justo antes de grabarlas. Pero, por estar en el carro de la movida, el disco se vendió bastante bien.
De todas maneras las modas no duran eternamente y el grunge acababa de irrumpir en el Reino Unido, amenazando la existencia del pop blandorro y los grupos de fans. Blur intentaron pulir su imagen publicando el single ‘Popscene’ (1992), una canción buenísima desconectada del sonido Manchester que alcanzó cierto reconocimiento, pero en general al público le daba la impresión de que Blur ya había llegado a donde iba. El grupo se fue de gira mundial para aclararse las ideas, haciendo una escala agotadora en Estados Unidos (44 conciertos en dos meses) que les hizo tomar odio a todo lo que oliera a yanki, sobre todo por el trato que recibieron allí: conciertos medio vacíos, dejadez de los responsables y algún director de discográfica que les recomendó que se pasaran al sonido disco.
Al volver a casa Blur estaban dispuestos para encabezar una especie de cruzada contra la música estadounidense (particularmente el grunge) y en defensa de los grandes clásicos ingleses (Ray Davies, Madness, The Kinks), y esta era la idea del disco ‘Modern life is rubbish’ (1993), con el que pretendían un cambio de imagen radical y recuperar algo de la credibilidad perdida. Pero algunos periodistas aprovecharon también el resurgir de Blur para emprender su guerra particular contra los grupos estadounidenses que habían invadido las listas británicas, llegándose a crear un clima de patrioterismo estúpido (que impregnaría gran parte de la música en Inglaterra durante los años siguientes) del que el grupo tuvo que salir al paso para evitar malentendidos.